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VERSÍCULOS CLAVE:
| “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para Uds, la cual es buena, agradable y perfecta.” |
| Romanos 12:2 NTV |
El evangelio es el motor del cristianismo, y provee el fundamento para ir en contra de la cultura. Ya que cuando realmente creemos en el evangelio, comenzaremos a darnos cuenta de que el evangelio no solamente nos exhorta como creyentes a confrontar los asuntos sociales de la cultura que nos rodea. Eso incluye todo lo que ocurre en la sociedad y los pensamientos humanistas que esta tenga. El evangelio en realidad crea confrontación con la cultura tanto a nuestro alrededor como dentro de nosotros mismos y nos permite adoptar posturas más arraigadas hacia la verdad.
Cada vez es más común que los puntos de vista bíblicos sobre asuntos sociales sean catalogados como insultantes. Por ejemplo, ofende a un número cada vez mayor de personas decir que una mujer que tiene sentimientos amorosos hacia otra mujer no debería expresar amor hacia ella con el matrimonio, también podemos agregar el efecto que produce el otro sexo que es el hombre con el hombre. No toma mucho tiempo para que un creyente sea puesto en una posición muy incómoda sobre este asunto, porque no quiere ofender pero al mismo tiempo se estará preguntando cómo responder o posiblemente sea confrontado y al no tener una postura clara este termine creyendo esta mentira y crea que es una verdad.
Sin embargo, es aquí donde debemos reconocer que la posición bíblica sobre la homosexualidad no es la ofensa más grande del cristianismo. De hecho, ni siquiera se acerca a la ofensa mayor.
Entonces debemos comenzar explorando qué es el evangelio, y debemos formularnos la pregunta: ¿En realidad lo creemos? Nuestra respuesta a esta pregunta cambia en forma fundamental la vida en nuestra cultura y de creer o no en esta mentira que nos vende la sociedad de que si se siente bien hazlo.
Todo comienza cuando los mandamientos de Dios son sujetos a polémicas acerca de Dios. ¿Es Dios en realidad santo? ¿Sabe realmente lo que es bueno? ¿Es Dios en realidad bueno? ¿Acaso Él me ama a mí? ¿Quiere Él realmente lo mejor para mí? En medio de estas preguntas, el hombre y la mujer se aseguran sutilmente de no ser juzgados por Dios, sino de ser ellos quienes lo juzguen a él.
La pregunta de la serpiente gira alrededor del árbol del conocimiento del bien y del mal. Tal vez leamos el nombre del árbol y pensemos: ¿Qué hay de malo en conocer la diferencia entre el bien y el mal? Pero aquí el significado de la Escritura va más allá de la información sobre el bien y el mal a la determinación del bien y del mal. En otras palabras, el hecho de que el hombre y la mujer comieran de este árbol implica el rechazo de Dios como el Único que determina el bien y el mal, y el asumir esta responsabilidad por sí mismos. La tentación en el Huerto fue a rebelarse contra la autoridad de Dios y en el proceso hacer que los seres humanos fueran los árbitros de la moralidad y en creer que si te sientes bien ¡hazlo!
Cuando entendemos este primer pecado, nos damos cuenta de que el relativismo moral del siglo XXI no es nada nuevo. Cuando intentamos usurpar (o aun eliminar) a Dios, perdemos la objetividad para determinar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es correcto y lo que está equivocado, lo que es moral y lo que no lo es.
Por lo tanto, las cosmovisiones mundanas nos dejan con una subjetividad sin esperanza en lo que se refiere al bien y al mal, totalmente dependiente del conceptualismo social. Lo que sea que una cultura considere correcto es correcto y lo que una cultura considere erróneo es erróneo. Esta es precisamente la visión del mundo que prevalece en la cultura de hoy en día, donde los rápidos cambios en el panorama moral comunican con claridad que ya no creemos que ciertas cosas sean intrínsecamente buenas o malas. En cambio, lo que es bueno y lo que es malo está determinado por los acontecimientos sociales que nos rodean.
| “Qué mal les irá a los que a lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo.” |
| ISAÍAS 5:20a PDT |
Podemos estar agradecidos de que el evangelio va totalmente en contra de la cultura en este tema. Porque la Palabra de Dios nos dice que, en forma maravillosa, Dios ha creado el matrimonio hombre con mujer.
| “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán un solo ser.” |
| GÉNESIS 2:24 RVC |
Este es el diseño de un Dios lleno de gracia, pero que ha sido corrompido totalmente por la humanidad. El pecado es la rebelión real contra el buen Creador de todas las cosas y el Juez supremo de toda la gente. Como Iglesia, debemos de defender la institución del matrimonio, ya que la familia está siendo bombardeada constantemente con pensamientos que destruyen dicha institución. No es atacando a estás personas, sino que amándolas y recibiéndolas, pero hacerles saber que su estilo de vida no es algo que agrada a Dios, y atacando a lo que realmente se debe de atacar, el pecado.
Debemos de tener posturas firmes para poder tener conceptos claros acerca del diseño de Dios, y del diseño de la creación, de la institución del matrimonio y que esté principio no cambia, no es algo que debe de ser negociable y que tenemos que defenderlo. No es si se siente bien hacerlo, sino, que no es correcto, no es algo que agrada a Dios, no es un estilo de vida que lo glorifica a Él. Comprender que el Evangelio rechaza todo cambio a estos principios y que somos nosotros los llamados a poder poner un alto a todas estas mentiras de este mundo.
- Serie: Verdades que Liberan / Mentiras que atrapan
- Tema: Como vivir la verdad en un mundo de mentiras
- Subtema: El Evangelio y la Cultura
- Semana: 6
